“¡Este jueves, un relato!” La otra. La otra otra…

-Yo siempre he sido la otra…- dijo abotonándose el primero
de los ocho botones de su camisa negra. ..

La camisa era casi trasparente y debajo se vislumbraba un
sujetador negro de encaje y unos pechos voluptuosos y muy blancos que hacían de
aquel conjunto una bomba que Daniel no pudo resistir…

-¿por qué dices eso ahora?… –dijo Daniel sin detenerse a
mirarla y sin parar un instante de buscar su ropa por toda la habitación…

Habían llegado hambrientos de sus respectivas pieles y
cuando encontraron el camino a sus sexos olvidaron todo lo demás, sin mirar
donde tiraban la ropa o que rompían mientras sus labios se unían en un beso sin
fin…

-Es la verdad, mi gran amor tenia novia y fui su amante
durante unos meses hasta que lo dejé y él no pudo soportarlo y decidió elegirme
a mi… pero aquello no duró… solo fue una ilusión… la verdad es que he sido
siempre la otra y nunca me han elegido… siempre he sido la otra…

-¿La otra…?-dijo Daniel mirando su silueta enmarcando la
ventana de la habitación por la que llegaban ruidos y sonidos de fiesta por
doquier… ella encendió un cigarrillo y brevemente la luz de la cerilla iluminó
su rostro bello pero triste, veía como su pintalabios había sido borrado por
sus labios y como el rímel había ensombrecido su mirada, haciéndola más
profunda y envejeciéndola repentinamente. Ella aspiró el aroma de aquel tabaco francés
que tanto adoraba y que tanto le costaba conseguir,  sacó de su bolso una polvera plateada y
comenzó a hablar mientras retocaba su maquillaje…

-si la otra… a la que deseaban más que a la propia, a la que
soñaban y a la que contaban su vida y lo comprendía como la propia nunca hacia…
la que reía de forma distinta, la que decía que si a cualquier locura y
aventura, la que nunca miraba por encima del hombro y le gritaba sus defectos,
la que siempre se ponía sus mejores galas para verlos y hacia cualquier cosa
para complacerlos, pero también que tenía una personalidad tan fuerte que les
inquietabas y se sentían poderosos cuando te agarraban por la cintura y tú como
un animal salvaje te rebelabas para luego dejarte cazar … pero a la hora de la
verdad… por mucho que te soñaran, fantaseaban y deseaban…  luego volvían con sus chicas y eran a ellas a
las que presentaban a sus mamis y a sus amigos y familiares, las que tenían un
lugar preferente y a las que no escondían en el asiento trasero de su coche
hasta llegar a un sitio alejado fuera de la ciudad donde poder hacer todo eso
que su novia formal no hacia…

Daniel terminó de atarse los cordones y miró el rostro de
aquella mujer, nuevamente volvía a ser la joven despampanante que lo había seducido
en un bar meses  antes y tomando entre
sus manos su rostro la besó largamente, luego acarició su pelo  negro y dijo…- para mi, tú eres la única, la
primera y la otras en todo caso serian la otra… – y volvió a besarla y ella
noto el dulce sabor de sus besos…

Pero el sabor de sus besos se volvió  tan amargo cuando se ensució los labios con
mentiras otra vez…  

Él tomó su cartera y dándole los 70 € le sonrió, la tomó
nuevamente de la cintura y la besó con pasión, ella solo dejó que el
introdujera su lengua en su boca, pero no aportó nada…

Él notó su frialdad y le preguntó que le ocurría…

-Habría sido más creíble si, acto seguido, no me pagaras…

-Eres una puta… ¿qué esperabas?

-Tal vez… sí, que soy la primera por primera vez, a las
otras,  no se les miente….- dijo mientras
recogía sus cosas y marchaba de la habitación. Al llegar a la puerta, le oyó
hablar y se detuvo…

-¿Te veré mañana…? es sábado… ¿A la misma hora en el bar…?-
dijo en parte ansioso.

-Claro…-dijo ella sin ni si quiera dedicarle una mirada-
volveré al bar para fingir que soy tu novia ante todos tus amigos… – dijo
marchando mientras daba un portazo tras de sí…

Al entrar en el ascensor, se miró en el espejo de éste y
maquilló nuevamente sus labios y acto seguido se dijo a si misma sin apartar la
mirada de sus penetrantes ojos verdes…

-Esto será lo más cerca que estarás de ser una chica decente…
pero nunca dejarás de ser la otra…

 

“Este jueves, un relato” Juegos de palabras. Palabras en juego…

-No puedo hacerlo…- dijo ella con una sonrisa amarga
rasgando su pétrea belleza.

Sus ojos se encontraron en un punto inexacto del universo,
uno sin importancia, sin relevancia para nadie más que para ella que se sentía morir
y absorbida por el ombligo, para luego sentirse dada la vuelta desde dentro y con
la piel del revés.

-¿por qué no quieres comerlo?- dijo él llevándose a la boca
un trozo del bizcocho que ella había preparado aquel mismo día, solo para él,
sin motivo ni razón, ni celebración…

-Hacerlo… no comerlo-dijo ella con la misma sonrisa ahora más
forzada.

-haa…. Como desees,  pero te aviso que está buenísimo, cariño.
Además está igual que aquel que hiciste para la fiesta de Nadia, ¿recuerdas?

-Claro que me acuerdo, ¿cómo no
voy a recordarlo? Me llevé todo el día cocinando para la cena con tus amigos…
esas son las cosas que terminan robándote el aliento…- dijo en un susurro.

-Si es que estaba todo perfecto…
siempre me roban el aliento tus platos, tu forma de cocina y tu manera de hacer
de una noche algo prácticamente perfecto…- dijo él con una sonrisa.

Ella lo miro un poco ofuscada,
contrariada se levantó y miró por la ventana, fuera el viento parecía golpearlo
todo furiosamente y aquello la hizo sentirse mejor, deseó ser viento y dar
rienda suelta a toda su frustración…

-te amo…- dijo él mientras la
abrazaba desde atrás y la apretaba con fuerza…

-… eres como unas cadenas que me
aprisionan y no me dejan volar…

-claro amor… yo nunca dejaré que
te lleve el viento, mientras yo esté aquí, seré tu ancla y no serás mecida por
el viento ni arrancada de mi lado… no sin luchar…

Aquello podía haber sido la declaración
de amor más bella del mundo… pero para ella sonó a cadena perpetua.

Ella que soñaba con volar como un espíritu
libre, navegar por el mundo no solo mecida por viento, sino con los ojos
cerrados y sin cuerdas que pudieran atar su sueño de ser etérea…

Su corazón era el yugo que mataba
sus fantasías, sus anhelos de ser  solo
un pensamiento de hada, una mota de polvo que vuela sin conciencia ni preocupaciones…

El silencio habitó su corazón y
las palabras que parecían brotar de su alma en aquel instante salieron por una
esquina de su boca, y se estrellaron contra el aire que parecía de cristal… a
punto de estallar…

-no puedo hacerlo… debo irme…  me iré a las ocho…

– Vale, comeremos después el
bizcocho, ¿a qué hora has quedado con tu madre?- dijo apartándose de ella y
poniendo el trozo que aun quedaba en su plato en la bandeja de repostería.

-El bizcocho no, a las ocho.

-Bueno pues nos lo llevamos y nos
lo comemos con tu madre, pero las ocho, es tarde para ella ¿no?

– No, yo me voy a las ocho…

– Hombre si salimos ya y volvemos
a las ocho no vamos a estar nada, pero ¡¡¡vaya¡¡¡ Como desees…

-…oyes lo que te da la gana…- dijo
en un susurro.

– Sí, que tengo ganas de ir, ya
sabes que quiero mucho a tu madre- dijo recogiendo los platos y las tazas
estruendosamente.

-… te dejo… ya no te amo…- dijo en
un susurro tan bajo que hasta ella misma le costó oírse

-¿qué?

-Ya no…- dijo con voz mas enérgica
pero entonces, él marchó a la cocina y al volver él le habló.

– Pues nada, si no quieres ir ya
no vamos, no te preocupes, es mas… se me ha ocurrido, que este fin de semana, podríamos
ir a la casita que tiene tu madre en el pueblo y pasar allí el fin de semana,
asar castañas y hacer el amor ante la chimenea como cuando éramos novios…- dijo
acercándose y besándola largamente en el cuello, como hacía mucho tiempo que no
lo hacía…- como cuando te hacia suspirar como a una niña enamorada… la miró a
los ojos y dijo- yo te amo como el primer día… por siempre…

Ella tembló entre sus brazos y
sintió su respiración hinchando su pecho y presionando el suyo, hasta obligarla
a respirar al unísono…

-¿vamos?- dijo él con una sonrisa
y ella noto el brillo de sus ojos empañando la visión de su rostro

-si… pero tengo que hacer la
maleta, allí hace mucho frio y quiero llevarme algo sexy…-dijo subiendo las
escaleras con una jovialidad casi olvidada.

Él caminó hasta el aseo y cuando
entró, cerró la puerta tras de sí y se miró en el espejo, él pecho le iba a mil
por hora y le faltaba el aire, incluso durante un momento creyó caer en un
ataque de ansiedad… apoyó la cabeza en el espejo y se miró en él, vio su ojo
azul, con la pupila muy dilatada y el reflejo de su miedo, el terror de haberla
oído y el alivio de saber que el peligro había pasado…  no podía dejarla volar, no podía…  sentía que se moriría sin ella… si ella era un
pájaro libre… él quería ser el viento que acariciara sus alas para siempre…

 

“¡Este jueves, un relato¡” La manada. Lobo…


ELLA.

Dejo que te acerques a mi
lentamente, mientras miras con tiento mis movimientos e intentas que los tuyos
no me espanten… los dos nos miramos y sabemos que corremos peligro mortal
juntos, cada segundo va en aumento nuestra alarma y cada segundo aguantamos uno
mas, para poder observarnos largamente… nunca vi a nadie como tú, nunca imaginé
una criatura igual… miraba tus ojos y me perdía en ellos tratando de descubrir
el secreto que me hacia odiarte, temerte… desear matarte…desearte sin mas…
nunca había sentido nada igual… miré a través de mis ojos de humana y con mi
alma de vampiresa desvergonzada, solo pude vislumbrar que eras diferente a
todos los demás, no eras ningún ser humano ni un inmortal corriente… ¿que eras
tú?… ¿que podía esperar de un ser tan enigmático?… la angustia se apoderaba de
mi y aunque mi instinto me gritaba y me gruñía con garras y dientes que debía
huir de ti, mi corazón sentía curiosidad…

Tú me mirabas desde la lejanía,
pero al igual que yo podías ver cada centímetro de mi piel con total precisión
y cuando diste un paso hacia mi yo simplemente corrí huyendo de ti… pero
deseando que me dieras alcance…

 

ÉL.

Ese olor lo reconocería en
cualquier parte, había olido a muchos como tú, incluso a kilómetros reconocía
vuestro aroma que os diferenciaba de otros seres, porque yo, me dedicaba a
cazaros…

Pero por un momento algo dio un
vuelco dentro de mi… no eras como los demás, mas que una bestia sanguinaria con
rabia contenida eras como un animalillo asustado, eso si con piel de porcelana
y dientes de diamante, sin embargo ahí estabas tú, no desafiante ni amenazante,
mas bien curiosa y hermosa bajo la luz de aquella luna inmensa que asomaba por
entre las grandes secuoyas en aquel paraje inhóspito de las montañas rocosas…

Llevaba días siguiendo tu rastro
y estaba desconcertado, yo sabia como evitar que me olieras, así que tus actos
no fueron fruto de la desesperación o la huida, simplemente eras
desconcertante.  Durante aquellos días
viajaste por arroyos y praderas llenas de flores y bayas, te asomaste a
acantilados, incluso te bañaste en el mar, durante días no buscaste ninguna compañía
de los tuyos con los que formar una manada, ni si quiera acechaste a los múltiples
humanos que se cruzaban en tu camino, simplemente ibas como un cachorro
descubriendo el mundo por primera vez… era increíble tratar de descubrir que
harías a continuación y en ocasiones pensaba que eras un autentico enigma, ni
si quieras parecías una vampiro, ni si quiera creía que hubieras matado alguna
vez… a duras penas encontré restos de animales de los que te alimentabas… tu
olor no era a muerte, solo a bosque y a algo parecido a las flores secas que
muchas chicas guardan entre las hojas de sus libros preferidos y diarios…

Aquel día me sorprendí al
comprobar que habías ido a un pequeño pueblo y me acerqué temeroso, alerta pero
mas curioso, por tu cambio de actitud… fuiste demasiado rápida y ya habías
huido de allí dejando unos harapos en una tienda de ropa, te seguí pero solo te
vi al llegar a las montañas, a lo lejos…

A lo lejos ondeaba un vaporoso
vestido de color negro con un corpiño que marcaba tu pecho y tu cintura
resaltando tu feminidad. Solo eras una sombra para el mundo, tan rápida, tan
mortal pero yo, era capaz de ver el brillo de tus ojos que remarcaban el verdor
de tu mirada… y esos labios carnosos que mordías y arañabas con tus afilados
dientes de diamante…

Tu mirada me sorprendió… tu
presencia serena y penetrante… por primera vez vi tu rostro, hermoso, pálido y
tremendamente humano, era la primera vez que veía con tanta claridad un atisbo
de humanidad en un vampiro…

Corrías alegre y despreocupadamente
y de pronto paraste en seco, estabas en lo alto de una montaña prácticamente desértica,
sin aquellas grandes secuoyas que dominaban aquel prolifero bosque, te paraste
y miraste alrededor… Luego miraste fijamente mi posición, creí que me habías
visto, dudé y me escondí entre la maleza… en verdad no estaba seguro. Lo había
hecho todo bien, ir en contra del viento y mantenerme los suficientemente lejos
como para que una vampira joven como tú, no pudiera si quiera presentirme. Miré
alrededor y comprobé que no había más animales ni excursionistas despistados
cerca que pudieran atraer tu atención… Me mirabas a mí, durante un momento
incluso vi mi reflejo en tu pupila… mirabas a tu alrededor, supongo que para
saber si iba con mi manada. Los lobos nunca vamos solos de caza…

Tu respiración comenzó a agitarse
y de pronto arrancaste a correr por el bosque, yo corrí tras de ti con mi
atronador gruñido rompiendo el silencio de aquella noche de luna llena…. La
caza había comenzado….

Notaba el temor golpear tu
pequeño pecho y tu respiración rasgar mis oídos, y durante un segundo tus
gemidos me parecieron cautivadores.  Entonces
te ví, justo llegabas a un riachuelo que atravesaba el valle y con dos grandes
zancadas podías haberlo atravesado pero en lugar de ello, diste dos pequeños pasos
que apenas salpicaron y como un hada posándose en el agua y creando ondas
corriste por el río sin salir de él… yo seguí tu camino, el ruido del agua chapotear
y romperse a mi furibundo paso, hizo alarmarse multitud de animales y en
especial aves que parecían dormitar a las orillas…

Sin embargo cuando miraste atrás,
vislumbré una sonrisa que asomó por la comisura de tus labios y me sorprendió al
no ver crueldad en tu gesto, solo era una sonrisa picara… entonces comenzaste a
zigzaguear y yo corrí tras de ti…

Hice acopio de toda mi fuerza y
aumenté la velocidad pero entonces, sorprendentemente tú redujiste la tuya. Los
de tu especie erais especialmente rápidos y escurridizos, sin embargo tu parecías
trotar despreocupadamente como un caballo jerezano pavoneándose, mostrando su
arte y su maestría… sabia que podías ir tan rápido que haberte perdido habría
sido lo lógico, por eso íbamos a tanta distancia, jugábamos con la sorpresa
para poder cazar… pero tu parecías no conocer las reglas del juego.

Sin embargo lo que yo no sabia,
era que tu jugabas a un juego muy distinto al mío…

Tu risa resonó en el bosque y me
sorprendí a mi mismo sonriendo a mi vez. Miré a mi alrededor y entonces te vi a
través de la maleza y los robustos troncos, corrias casi a la par mía y no
apartabas tus ojos verdes de mi mirada penetrante y como guiado por una certeza
absoluta reduje aun mas mi paso hasta parar al otro lado del río, te perdí de
vista pero entonces, entre la maleza vi aparecer tu exuberante melena y tus
ojos de gata… yo caminé lentamente hacia ti y tu diste un paso atrás, el
instinto de supervivencia era muy fuerte en los tuyos, yo ni quiera sabia que
estaba haciendo…

En ese instante solo podía mirar
todos y cada uno de los rasgos de tu rostro y por un momento desee contemplarte
como solo un hombre te vería…

Me transformé en apenas unos
segundos y quedé desnudo ante ti, tu volviste el rostro lo suficiente para
darme tiempo a atravesar el río a nado y aparecer ante ti empapado e indefenso
como un simple mortal…

Tenia miles de preguntas que
hacerte pero entonces oí tu dulce voz hablarme en forma de susurro…

-¿que eres tú?- dijiste y tu
belleza me pareció tan sublime en aquel instante que entendí por que erais tan
mortales… una combinación mortal de bellaza y falsa fragilidad que provocabais
deseo incluso sin ser conscientes de ello…

Miré tu piel pálida y acerqué el
dorso de mi mano morena, tostada además por las largas jornadas corriendo bajo
el sol, a tu traslucida mejilla… en ese instante podías haber huido como un
animal asustado, pues notaba tu intranquilidad y harto como estaba de cazar a
los tuyos, sabia que una simple mirada era un pensamiento de escape, sin
embargo tus ojos se perdieron en mi oscura mirada y tu gélido aliento transformó
mi curiosidad en deseo…

Especies mortales… enemigos eternos
y sin embargo nunca había sentido esto por nadie, ni por las jóvenes de mi
manada ni por las chicas que se habían cruzado por mi vida… tú, mi enemiga
mortal te habías convertido en lo único que podía matarme… porque nunca habría
dejado a nadie más acercarse lo suficiente… hasta meterse bajo mi piel… por un
instante creí morir de deseo si no te tocaba, si tu me rechazabas…

Mis labios se posaron en los
tuyos y torpemente, como hace una niña, devolviste el beso, aquello me llenó de
una pasión que nunca había conocido y como guiado por mi instinto animal devoré
tu párvula boca con una violencia que jamás había sentido… y por primera vez,
di con una criatura que no solo aceptaba y toleraba mi fuerza animal, sino que
me arañaba y me devolvía aquellos gestos de pasión con la misma fuerza hasta
rasgar mi piel y dañar mi cuerpo inmortal….

La noche quedó quebrada por
gemidos y gruñidos hasta oír aullar a otros lobos en la lejanía… el amanecer llegó
y los primeros rayos me despertaron, busqué tu gélido cuerpo pegado a mi
ardiente piel, pero no lo hallé… durante un momento temí que no hubieras podido
huir del sol, me sorprendí a mi mismo con aquel pensamiento, nunca había
deseado el bienestar de un asesino, pero en aquel instante solo podía ver tu
dulce sonrisa y tus ojos verdes penetrando en mi alma… recordé haber despertado
de madrugada y haberte visto vigilante de mis sueños, los vampiros no dormís
nunca y tú simplemente fuiste la guardiana de mi reposo y yo dormí con tu mano
entrelazada a la mía y reposando como una bella estatua de mármol sobre mi
pecho, respirando al unísono con mi respiración…

Un ruido me volvió a la realidad,
quedé en alerta y de entre las ramas vi mi manada aparecer, todos estaban en
alerta y al verme solo, volvieron a su estado mortal.

-¿Donde está…?- dijo uno de
ellos.

-…no lo sé, la perdí…- dije
temeroso de que notaran en mi voz la traición de mi corazón…

-¿Luchasteis…?- preguntó otro.

-Pues claro, tiene su olor por
todo el cuerpo y mira que arañazos…- dijo señalando mi espalda- vaya, ha debido
ser una lucha bestial… mira como te ha dejado…- dijo tomando mi barbilla y
mirando mi labio hinchado.

Yo recordé sus besos y sus
mordiscos en mi labio inferior y me estremecí, algo dentro de mí me hizo saber
que yo ya era de ella… incluso me imaginé luchando contra mi propia manada por
salvarla…

-…tranquilo, ya la encontrarás
otro día… ¡vamos¡- dijo transformándose.

Yo lo seguí y mientras corría por
aquellos apabullantes bosques, recordaba nuestra noche juntos, recordaba tu
mirada y tu piel, tan pegada a la mía, que hasta tomó mi calor como suyo, tornando
tu piel brevemente rosada… sabiendo que en cuanto se escondiera el sol yo iría
en tu busca y te haría otra vez mía…

“Este jueves, un relato” Pasar el relevo. El faro…

Las oscuras nubes se cernían sobre la pequeña isla oscureciéndola en su totalidad, ensombreciendo su tierra y amenazando desafiante desde el cielo y el mar…
 Todos se asomaron a sus ventanas y muchos sintieron un escalofrío recorrerles el cuerpo que los impulsaron a ajustarse bien los abrigos,  a echar un leño mas al fuego y cerrar los portillos en busca de una seguridad, que aquella isla perdía, cada vez que les azotaba una tempestad con ínfulas de huracán…
Todos corrían a guarecerse, todos dejaban sus que haceres para refugiarse en la temple de su hogar, todos… menos un hombre.
Asía su sombrero contra su cana cabeza y apretaba con fuerza las dos solapas de su abrigo para que este no cediera al viento, andaba por las pedregosas y destartaladas calles sin mirar por donde iba, hacia tantos años que moraba en aquel lugar y eran tantas las veces que recorría aquel camino con las inclemencias del tiempo azotándole que hasta podía recorrerlo con los ojos cerrados. Sus pasos eran firmes a pesar de los años que le pesaban y aunque las cosas habían cambiado mucho en aquel lugar durante los últimos años, él había permanecido indemne.
Había sido testigo de cómo venían gente nueva en barcos mas veloces, como traían maquinas para escuchar música y como las jóvenes de ciudad venían a aquel lugar en verano tan solo para pasar los meses veraniegos perdidas en ensoñaciones y suspiros cargados de romanticismo, mientras miraban las olas romper contra las rocas.
Su nieta era una más que se sumaba en sus sueños y su imaginación de un mundo mejor más allá de sus costas. Pero ello no quitaba para que la quisiera más que a ninguna persona en el mundo.
Siempre quiso para ella una pizca de realidad, pero sus dibujos mostraban cosas que solo había oído decir a aquellos extraños que llegaban y su imaginación le hacia crear imágenes completas de ciudades. Con coches no tirados por  caballos y por miles de inventos modernos que habían azotado aquella nuevo siglo. Era el invierno de mil novecientos tres, pero el seguía creyendo que las cosas en aquel lugar, no avanzarían con el resto del mundo. Por lo pronto el seguía teniendo que salir en plena tormenta, atravesar todo el pueblo tan solo para llegar a su adorado faro…
Aquel lugar, había sido el origen de los sueños de su nieta y nada mas entrar, topó con las imágenes que adornaban toda la parte baja y que su nieta pintó junto a él en las miles de tardes que pasaron juntos en aquel robusto y austero lugar. Aquel hombre de grandes surcos en el rostro debido a los estragos de la edad tenía la mirada penetrante y el semblante serio. Pero todo ello cambiaba cuando llegaba ahí. Aquel lugar le hacia sentirse importante. Subió las escaleras con pasmosa rapidez. Limpió los cristales y prendió la llama y durante un momento miró a la mar revuelta y a la noche que se cernía sobre ellos. Aquella noche no había luna  y sabía lo cerradas que eran las noches allí. Imaginó un barco en la inmensidad de aquel océano que tan duramente trataba a los mortales e imagino como la marea y la resaca atraerían contra las rocas próximas a la isla a todo barco que anduviera por estos lares y durante aquella noche de perros. Pero luego imagino aquella potente luz, llegando a ellos y dándoles tiempo de virar e incluso, ubicarse, dado que no podían ver las estrellas y no podían leer las cartas.
Durante un momento recordó la vocecilla de su nieta cuando con cinco añitos le dijo
– Abuelo, entonces… ¿tú eres un salvador? Eres como un héroe…- dijo con una sonrisa y una expresión que nunca olvidaría.
 Aquella mañana no había ni maderas ni ningún resto en la orilla, buena señal. Siempre visitaba la orilla tras pasar la tormenta. Cuando era niño había sido testigo de un naufrago deleznable que mato a todo el pasaje incluidas mujeres y niños. Él solo era un jovenzuelo, pero aquella imagen tan atroz le impactó tanto que decidió ser farero y evitar mas desgracias como aquellas.
Ahora en el trayecto final de su vida, se sentía satisfecho con su labor, mas de sesenta años como farero y ni una sola tragedia.
La tos, vino durante aquella noche, pero había llovido tanto y la humedad le había calado tanto los huesos, que no le extrañó haberse constipado. Sin embargo, después de una semana enfermo llegó el medico, le mandó guardar reposo y por sorprendente que pareciera él le hizo caso. Ya no era un jovencito y notaba el cansancio agarrado a su cuerpo como un yugo pesado, del que sentía que no podría desprenderse jamás.
Los días pasaron y todos desfilaron por su lar, muchos para darle las gracias por algún momento de apuro que él con su faro supo evitar. Sin embargo, otros muchos vinieron simplemente por que el había sido un buen hombre y todos reconocían en él a una persona especial.
Cuando las visitas cesaron, mas por decisión del medico que por otra cosa, solo la familia quedó para cuidarle.
Todos se turnaban para que no estuviera solo, incluida su nietecita. Ya tenía trece años, pero para él siempre seria su niña. Ella leía uno de los libros románticos que le había regalado, una de las chicas que volvían cada verano con su familia. Mientras leía su abuelo la miraba y sonreía al recordar a aquella niña diminuta y curiosa que preguntaba todo de su faro con un interés y un amor impropio de su edad. 
Y así quedo dormido placidamente. Sin embargo de madrugada algo le hizo removerse en sus sueños y despertó sobresaltado. 
-Yanira…- dijo el abuelo en tan solo un susurro.
-Estoy aquí abuelo- dijo tomándole la mano con infinito amor.
-Abre los portillos de madera…
Al hacerlo vio como las calles comenzaban a oscurecerse a pesar de ser luna llena, una fina lluvia comenzó a caer y su abuelo comenzó a hablar…
-No dejes que vuelva a pasar… no puede ocurrir de nuevo…- dijo atormentado por los recuerdos y en cierta forma un poco ido por la fiebre. Después de casi sesenta años volvía a ver sus rostros como si fuera ayer y detalló a su nieta todo cuanto vio siendo un poco mayor que ella.
Yanira escuchó atenta a su abuelo y creyó echarse a llorar al oír su relato. 
-… no dejes que vuelva a ocurrir nunca, si vuelve a pasar… sus almas no descansaran nunca… ni yo tampoco- dijo con hilo de voz.
-Tranquilo abuelo. No dejaré que vuelva a pasar.
Se colocó la gorda chaqueta de su abuelo abotonándosela en su totalidad y su chal de lana sobre los hombros y cabeza, y con una determinación impropia en ella, salio a la tempestad que se había declarado. Caminó por las mojadas piedras sin apenas ver lo que había delante, pues el viento y la lluvia la azotaban con furia. Muchos miraron su silueta por las ventanas y creyeron ver al viejo yendo como siempre hacia su faro, pero sabían que el viejo estaba moribundo y solo cuando se percataron de su largo vestido oscuro, se dieron cuenta de quien era.
La joven valerosa camino por las vacías calles, recorriendo el mismo camino que había hecho miles de veces con su abuelo. Cayó repetidas veces, debido a las resbalosos adoquines de piedra, golpeándose con fuerza, las rodillas contra estos. Su vestido empapado se le pegaba a las piernas impidiéndola andar, pero no se rindió y cuando llegó al faro, dejó caer todo el peso de la ropa de abrigo y con el vestido empapado y el cabello mojado pegándose al rostro corrió escaleras arriba hasta llegar a lo mas alto.
Con rapidez y agilidad, como había visto hacer miles de veces, prendió la luz y todo quedó iluminado, durante un momento cayó rendida en el suelo, con la respiración entrecortada y tiritando de frío.
Se suponía que debía permanecer toda la noche allí, pero recordó a su abuelo y decidió volver a su lado, se levantó trabajosamente y durante un momento recordó la mano de su abuelo levantándola de aquel frío suelo infinidad de veces. 
Recordó su gran mano plagada de arrugas, siempre frías pero con una firmeza que daban una seguridad cálida. Miró sus propias manos, finas, delicadas y dubitativas, pero entonces recordó la mano de su abuelo tomando la suya, y como siempre había estado ahí para levantarla. Con su firmeza, la hacia sentir una seguridad tan importante para ella, como la seguridad que tenían que tener miles de barcos en aquella luz en la lejanía.
Durante un rato quedó mirando la obscuridad que parecía reinar por doquier y que solo a veces se veía interrumpida por los relámpagos en el firmamento. Luego se sentó a esperar a que amainara la tormenta. Cuando lo hizo, casi había llegado el alba.
 Como su abuelo hacia, caminó por la playa rezando para no encontrar ningún resto, pues temía haber llegado tarde. Pero a ver la playa limpia, corrió a casa aun con el cabello empapado cayendo despreocupadamente por su espalda.
Llegó a casa con una felicidad y una satisfacción, que deseaba compartir todo aquello con su abuelo, pero al llegar, encontró a su madre muy seria y cuando entró en la habitación vio a su abuelo como dormido…
-Me pidió que abriera la ventana y cuando vió encenderse la luz del faro, susurró… ahora es tuyo mi legado… y con una sonrisa espiró… – dijo su madre apenada.
Pero aunque Yanira tenía lagrimas en los ojos, lo cierto es que no estaba triste. Solo tomó su mano, grande y arrugada y ahora tan fría, y la beso largamente mientras le susurraba…
-Tranquilo abuelo… he tomado el relevo… mientras yo esté en el faro, nadie sucumbirá en estas costas… nadie sucumbirá por la tempestad…
 

Los Sábados Literarios de Mercedes. Perdida en la ciudad… muy, muy perdida…

Sabía perfectamente que mi personalidad distaba mucho del de las heroínas de mis historias, sabia que no era valiente, ni osada, ni si quiera tenia muchas de las cualidades que les atribuía  a aquellas valerosas mujeres con atributos mas que evidentes, sólo me permitía una licencia y era otorgarles a todas el verdor de mi mirada y el color marfileño de mi piel… ante todos bien podría parecer que aquellas intrépidas féminas eran yo, pero la realidad distaba mucho de mi ficción y aunque a grandes rasgos las moldeaba con pinceladas de mi misma, en cierta forma las creaba como a mi me gustaría ser, incluso con sus defectos y sus debilidades que les proporcionaban no solo un cariz real, sino una sensación perenne de persona viva que trasmitía a muchos sensaciones y en ocasiones hasta sueños.

Ahora, yo vivía la mayor de mis fantasías. Marché a vivir a otra ciudad y sí, salí de la lúgubre cueva, que para mí, era mi casa.  Aunque mas bien podría llamarla madriguera, no por malo, ni por oscuro, sino por calentita y mullida, familiar y segura, tal vez me escondí mas de lo que nunca debí hacerlo, pues en aquel lugar, que para mí era el mas seguro del universo, provisto de cercanía y comodidades, de instrumentos válidos donde poder guarecerme del mundo, lograba escribir de una manera segura sobre aventuras y hechos que muchas veces podrían haberme creado miedos e intranquilidad, pero que jamás experimenté pues mis miedos eran tan poderosos como el influjo que tenia la luna sobre las mareas. Y sin embargo, salí.

Mi primera incursión en el mundo real fue llena de temores y fantasías desbordantes donde mi lado agora-fóbico me gritaba en todo momento que si había una guerra nuclear o estallaba uno de esos virus que transformaba a la gente en máquinas perfectas e inconcientes de matar, con impulsos sanguinolentos e instinto devora carne sin importar si era pollo o el vecino del quinto.

Deseché la idea y me grite a mi misma que mi desbordante imaginación era innecesaria en aquellos momentos y justo antes de salir de casa, como guiada por una posesión en toda regla, tomé de debajo de la almohada mi navaja, la linterna, pilas, el cargador del móvil, barritas energéticas, agua y solo por si acaso un ibuprofeno. Me odié, no por coger esas cosas, sino por el suspiro inconsciente y el alivio inmediato que me recorrió todo el cuerpo…

Iba con mis deportivas y como siempre abrigada por capas, en la mochila también llevaba otro abrigo y me coloqué una gorra en la cabeza, mas impulsada por la desidia que por el intento de anonimato. Era una forastera en aquella ciudad, sin duda el anonimato estaba garantizado, pero la idea de plancharme el pelo era tan tentadora, que conociéndome, sabía que aquello seria la escusa perfecta para deleitarme en mi nuevo y diminuto hogar con el sencillo acto de esconderme del mundo una vez más.

Pero ahí estaba yo, preparada para lo peor, perdida en la vorágine que era aquella gran ciudad, con miles de personas caminando a mi alrededor sin levantar la mirada ni una sola vez, para dignarse a mirarme bajo mi gastada gorra gris de Boomerang. Por un momento, el temor que tanto tiempo me mantuvo lejos del bullicio y de la gente me pareció aire, intangible, indescriptible, irreal… ¿Cómo había podido ser prisionera de mi misma por tanto tiempo? Realmente mis miedos me había arrastrado hasta una situación que ni si quiera vi venir.

 Después de casi cinco años, ya ni recordaba la última vez que había salido de mi hogar. Todo había venido de la noche a la mañana, un día decides que por que ibas a salir si todo te lo pueden traer a casa, el correo, los paquetes, la compra, el pan, luego hasta la ropa, la comida a domicilio por supuesto, para que salir a un restaurante con lo agustito que estaba en mi casa y con el teléfono ya estaba comunicada y cuando ya descubres Internet… ya ahí si que dejas de lado el mundo real, por que tienes el mundo entero a un solo clic, eso si un mundo irreal pero seguro, con amigos, información, servicios, incluso un poco de cariño y comprensión, cosa que parece faltar de los que te rodean simplemente porque no entienden que prefieras eso a salir a pasear.

A veces lo intentas, te asomas a la puerta, aspiras el aire y lo sientes un poco intenso y demasiado frío, luego ves toda esa luz y sientes que podría hacerte daño, oyes todo ese ruido y crees fervientemente que todo es rudo y destructivo y tú, solo eres una figurita mas de porcelana, tan frágil y tan quebradiza… realmente ¿merece la pena arriesgarte?

Yo decidí que no… y así pasaron los días, los meses, los años…

Un día tratas de escribir sobre algo que trasmita vida y felicidad absoluta, pero tú no entiendes bien eso, en la seguridad de tu madriguera, todo es moderado… sueñas y creas en tu mente un millón de momentos mágicos de inconmensurable candor que te llena de una alegría y una vida, que simplemente, nunca has vivido… miras las fotos de tu juventud y recuerdas cuando hacia locuras y cuando viajabas por doquier muchas veces perdido y solo puedes sonreír… tan perdida y tan segura de mi misma…

Ese era el problema, había perdido la seguridad en mi misma, por eso buscaba la seguridad en lo que me rodeaba. Pero aquello no dejaba de ser un remiendo a algo que seguía roto.

Escribí la historia más feliz que me pasó por la cabeza e increíblemente, por primera vez, quise que aquello no fuera otro más de mis sueños…

Y lo hice realidad…

Caminaba por aquel paseo marítimo atestado de gente, por aquella ciudad tan pérdida y tan segura de mi misma, que incluso cuando comenzó a llover sobre mí y todo quedó desierto a mi alrededor… solo podía sonreír… y fui feliz, porque perdida en aquella gran ciudad, me encontré a mi misma, otra vez.

  • Igraine Cubillana

    IMPRUDENTE, DESMESURADA, APASIONADA, DULCE, ETEREA, MENTAL, DEMASIADO CARACTER Y MUY CAMBIANTE...ESTOY LOCA Y VUELVO LOCO A LOS QUE ME RODEAN... SI LLORAS POR QUE SE HA IDO EL SOL, LAS LAGRIMAS NO TE DEJARAN VER LAS ESTRELLAS.

  • Vive el dia de hoy como si este fuera el ultimo…

    marzo 2010
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