“¡Este jueves, un relato!” Bichos. El Bicho…

El dolor de cabeza le empezó por la mañana. Se levantó y con un trago de gazpacho frio de la nevera se tomó dos analgésicos, no debía tomarlo con cerveza, podían no hacerle efecto. Caminó torpemente por una casa llena de trastos viejos, esparcidos por el suelo, pero no podía tirar nada, aun no sabía que es lo que podía servirle.

Miró el reloj de la cocina, el único de la casa que aún tenía pilas y no atrasaba tanto como para perder su credibilidad. Las doce y cuarenta y ocho.

Ya es hora de una cerveza.

Mientras buscaba bajo la cama la otra bota, el dolor de cabeza se intensificó y empezó a oír una especie de ruidito en el interior de su cabeza. Era molesto y aquello le incomodó aun más. Pero debía esperar a que le hicieran efecto los analgésicos.

Caminó mas cansadamente de lo habitual en él, cuando de ir al bar de Rodrigo se trataba. Allí, se sentía a gusto, allí le esperaban su amigo y las chicas. Eran tres bellas camareras sudamericanas, muy dulces y cariñosas, que le reprochaban con picardía sus comentarios suavones y algo subidos de tono. El disfrutaba comentando el tamaño de sus pechos y comparándolas con otras bellezas de la historia. Él sabía mucho de eso, había sido profesor de historia del arte en la complutense de Madrid y conocía el nombre de los iconos de la belleza en el arte y la historia. Graciela, una dulce colombiana de ojos rasgados y larga melena rubia, siempre sonreía picara y le dejaba entrever un poco de su escote cuando él le hablaba de su exuberancia y sobre todo, cuando la comparaba con los personajes femeninos de la Ilíada.

Pero aquel molesto ruido le estaba afectando un poco, incluso al equilibrio. Era como un ligero martilleo, pero tan constante que parecía un ruido de una obra. Parecía del exterior. Pero no, lo sentía dentro de él.

Antes de llegar al bar se desvió en la esquina y se acercó a la farmacia. Se compró unos bastoncillos y un espray. Podía ser un tapón de cera y que tuviera agua en el oído. No había nadado últimamente pero le gustaba quedarse largamente bajo el agua de la ducha y tal vez aquello no era muy sano para su oído. Tomó otros dos analgésicos.

El bar estaba aun solitario, era tan solo la una y veintitrés, y hasta las dos y cuarto no llegaba la gente a por su cerveza y su tapita.

-Una cerveza preciosa y ponme de tapa algo sin vinagre, que aun no he desayunado…- dijo sentándose en su taburete habitual, justo en la esquina de la derecha, junto a la salida de los camareros, para poder ver bien el culo a las chicas al salir de la barra y también cerca de los baños, para no tener ningún accidente. Sabia de parroquianos que lo había sufrido y la vergüenza y el estigma eran difícil de borrar.

-Vale encanto, pero luego me tienes que dar un besito- dijo Rodrigo saliendo de la cocina.

“¡¡Maldita seas¡¡”- pensó, cuando todos comenzaron a reír.

Hoy sin duda no tenía un buen día y no podía olvidarse de aquel horrible ruido en su cabeza. Bajó la mirada y rojo de ira y vergüenza se centró en los destellos dorados de la jarra de cerveza, que acababan de ponerle, sudando de forma tentadora ante él. La gustaba la cerveza, miraba a través de ella y veía como las burbujas nacían en el fondo y subían lentamente hasta desaparecer, sin más en la superficie… “puff” y desaparecía.

“Algunos deberían desaparecer de igual modo” con sus bromitas y sus gilipolleces y llevarse aquel maldito dolor de cabeza con él.

Uno de los parroquianos puso la tv y un partido resonó a todo volumen en el bar. A él le gustaba el futbol como a todo el mundo. Y sentía que podía verlo, disfrutarlo y vivirlo como el que más, pero aquel día, los comentarios del comentarista y los gritos del bar taladraron en su zona occipital hasta notar como las venas se abultaban en su sien y se le ponían los nervios de punta y la sensibilidad a flor de piel mientras un ojo se le iba cerrando literalmente.

Maldito dolor de cabeza, malditas venas hinchadas, maldito ojo palpitante, todo eso también debería desaparecer como las burbujas.

Caminó hasta el baño y orinó largamente la cerveza que acababa de beber. Se echo agua helada en el rostro y salió nuevamente al local con aquel infernal partido rugiendo en la televisión y que hacia rugir a todos los clientes de Rodrigo y a él mismo por encima de todos.

Una hora más tarde el partido acabó y con él el poco control y la poca calma con la que había amanecido… sin duda aquel ruido no había hecho más que mermar su situación.

Tomó otros dos analgésicos. ¡Al carajo!, lo tomó con cerveza.

Todo a su alrededor se enmudeció y solo era capaz de escuchar aquel atronador ruido, aquel incesante ruido muy parecido al goteo incesante de un grifo mal cerrado o peor aun estropeado, con la horrible sensación de impotencia al apretar una y otra vez aquel grifo, aquel maldito grifo roto.

Gisela pasó muy cerca de él, tanto que él pudo apreciar su aroma a flores de azahar en el ambiente. Aquel olor pareció mitigar algo el dolor y por puro instinto su cuerpo buscó aquel aroma acercándose a la joven. Ella pareció incomodarse de repente tal vez fue la ansiedad con la que la asió, tal vez fue la expresión de su rostro desencajado pero ella se echó atrás y le empujó bruscamente, de un modo en el que nunca lo había rechazado. Él se enfureció y si no hubiese sido por el ridículo que le hizo pasar lo habría dejado pasar, pero volvió a ir hacia ella y le pidió explicaciones sobre su actitud.

Rodrigo salió de detrás de la barra y lo reprendió colocándose entre ambos. La cabeza le iba a estallar.

Rojo de furia, pero torturado por el maldito dolor de cabeza, marchó sin mirar atrás…

Llegó a casa y se miró en el espejo y la imagen le pareció grotesca y deforme e imaginó a todos burlándose de él.

Tomó otros dos analgésicos para luego mirar la tableta, sopesar el dolor y tragar otras tres mas sin agua ni nada.

CLACK¡ CLACK¡ CLACK¡

El dolor persistía.

Mientras andaba hacia el bar, el reloj de la farmacia de la esquina marcaba las diez y veinticinco. Era martes y las calles estaban desoladas. Sin duda, el bar estaría a punto de cerrar.

Solo Julita estaba en el bar y vio como alguien entraba tras la barra. Miró y comprobó que era el amigo de su jefe. Ella continuó poniendo papel de aluminio a la comida que había sobrado y cuando volvió a por mas los vio uno frente al otro, muy juntos.

Una pistola lo mantenía inmóvil mientras le rogaba a su amigo que se tranquilizara.

-Ésta es la última vez que te burlas de mi… -dijo apretando aun mas fuerte su garganta con una mano mientras le apuntaba la pistola en el mismo sitio, en dirección a su cabeza.

Julita pensó que solo era una broma, pero la pistola era real y el ruido que hizo al volarle la tapa de los sesos también.

Los gritos taladraron su cabeza una vez más, pero al menos, ya no se burlarían de él, nunca más.

Horas más tarde le comunicaron a la familia del asesino, que estaba en el hospital. Su madre, mayor y aun conmocionada, acompañada de un padre regio y de buena familia llegaron al hospital y hablaron directamente con el inspector encargado del caso.

-Su hijo declaró que no sabía cómo había podido hacerle eso a Rodrigo… que él era su amigo.

– ¿Entonces… está loco?

– Hablaba sin parar de un ruido en su cabeza, de un goteo incesante, farfullaba algo de un grifo roto y… dejamos un lápiz sobre la mesa, solo fue un instante, solo un instante…

-¿Que ha hecho?, ¿ha dañado a alguien más?- dijo el padre con una expresión imperturbable mientras sostenía a su consternada esposa.

-No, se lo clavó en el oído… los médicos dicen que está sordo y que posiblemente tendrá secuelas de por vida…

Un grito los sobresaltó… los padres se dispusieron a entrar, el policía los detuvo en la puerta un momento más…

-Él dice que era un bicho, el bicho que hurgaba en su cerebro, que devoraba todo en su cabeza… el bicho de la maldad…

Cuando sus padres entraron, ni si quiera reconocieron a su hijo, tenia media cara paralizada y le costaba hablar.

Su madre rezó por su alma y maldijo a aquel maldito bicho de su cabeza.

Su padre tan solo deseó que se hubiese matado después de disparar a aquel hombre del bar…

 

A la memoria de Juan, una muerte sin sentido.

  • Igraine Cubillana

    IMPRUDENTE, DESMESURADA, APASIONADA, DULCE, ETEREA, MENTAL, DEMASIADO CARACTER Y MUY CAMBIANTE...ESTOY LOCA Y VUELVO LOCO A LOS QUE ME RODEAN... SI LLORAS POR QUE SE HA IDO EL SOL, LAS LAGRIMAS NO TE DEJARAN VER LAS ESTRELLAS.

  • Vive el dia de hoy como si este fuera el ultimo…

    junio 2010
    L M X J V S D
    « May   Jul »
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    282930